Amo y criado

Amo y criado

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Nikita habló con todos: pidió perdón a las gallinas y las tranquilizó, prometiéndoles que no las molestaría más; reprochó a las ovejas que se hubieran asustado sin motivo y reprendió al perro mientras ataba al caballo.

—Así estarás bien —dijo, sacudiéndose la nieve de encima—. ¡Qué manera de ladrar! —añadió, dirigiéndose al perro—. ¡Basta ya! ¡Basta ya, perro estúpido! No hay razón para que te inquietes así. Somos amigos, no ladrones…

—Son los tres consejeros de la casa, como suele decirse —dijo el muchacho, y con sus fuertes brazos puso bajo techo el trineo, que había quedado fuera.

—¿A qué consejeros te refieres? —pregunto Nikita.

—Así se dice en el Paulson[5]. Cuando un ladrón se acerca furtivamente a una casa, el perro ladra; eso quiere decir: ¡no te duermas, vigila! Cuando el gallo canta quiere decir: ¡levántate! Y cuando el gato se lava quiere decir que se acerca un invitado bienvenido y que hay que preparase para recibirlo —dijo el muchacho con una sonrisa.

Petruja sabía leer y escribir y se había aprendido casi de memoria el único libro que tenía, el Paulson. Le gustaba mucho citar sentencias que en su opinión venían al caso, sobre todo cuando había bebido un poco, como ese día.


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