Amo y criado
Amo y criado Al cabo de unos diez minutos Petruja se volvió y gritó algo, pero el viento impidió que Vasili Andreich y Nikita le oyeran; no obstante, adivinaron que habían llegado al giro. En efecto Petruja giró a la derecha, y el viento, que antes soplaba de lado, ahora les dio de frente; a la derecha, a través de la nieve, se veía algo negro. Era el arbusto que marcaba el giro.
—¡Bueno, id con Dios!
—¡Gracias, Petruja!
—La tormenta oculta el cielo —gritó Petruja y desapareció.
—Vaya con el poeta —dijo Vasili, sacudiendo las riendas.
—Sí, es un buen muchacho, un auténtico mujik —exclamó Nikita.
Siguieron adelante.