Amo y criado
Amo y criado «Allà a la derecha hay un mojón, luego otro, más adelante un tercero —contaba Vasili Andreich—, y enfrente de nosotros está el bosque», pensaba, mirando fijamente una mancha negra que despuntaba a lo lejos. No obstante, lo que le habÃa parecido un bosque no era más que un arbusto. Lo dejaron atrás y recorrieron otros veinte sazhens, pero el cuarto mojón no aparecÃa, ni se veÃa el bosque. «TendrÃa que estar ahû, se decÃa Vasili Andreich, excitado por el vodka y el té, sacudiendo las riendas; el bravo y dócil animal le obedecÃa y seguÃa la ruta que le mandaban, tan pronto al paso como al trote, aunque sabÃa que no iban en la dirección que tocaba. Pasaron unos diez minutos y el bosque seguÃa sin aparecer.
—¡Hemos vuelto a extraviarnos! —dijo Vasili Andreich, deteniendo el caballo.
Nikita se apeó en silencio del trineo y, sujetándose el caftán, que el viento tan pronto pegaba a su cuerpo como abrÃa y casi arrancaba de sus hombros, empezó a deambular por la nieve; fue hacia un lado y hacia otro. Tres veces se perdió completamente de vista. Al final regresó y cogió las riendas de manos de Vasili Andreich.
—Hay que ir a la derecha —dijo en tono severo y decidido, volviendo el caballo.