Amo y criado
Amo y criado Nikita era un mujik de unos cincuenta años, natural de una aldea vecina; según decían, no era dueño de nada y se había pasado la mayor parte de su vida trabajando en casas ajenas. En todas partes lo estimaban, porque era mañoso, fuerte y laborioso, y, sobre todo, porque tenía un carácter afable y bondadoso. Pero no se establecía en ninguna parte porque, un par de veces al año, y a veces más a menudo, se emborrachaba, y entonces no sólo se bebía todo lo que tenía, sino que se volvía quisquilloso y pendenciero. También Vasili Andreich le había echado varias veces, pero luego había vuelto a aceptarlo, porque apreciaba su honradez, su amor por los animales y, en especial, la escasa retribución que exigía por sus servicios. Vasili Andreich no pagaba a Nikita los ochenta rublos que le correspondían por su trabajo, sino unos cuarenta, que no le entregaba de una vez y en fechas fijas, sino poco a poco y, la mayoría de las veces, no en efectivo, sino en productos de su tienda, a los que ponía un precio excesivo.
