Amo y criado
Amo y criado En lo más profundo de su alma Vasili Andreich sabía que no podía quedar poco para la mañana, pero cada vez se sentía más asustado; quería averiguar qué hora era y al mismo tiempo seguir engañándose. Con muchas precauciones se desabrochó la pelliza, metió la mano y estuvo un buen rato buscando a tientas el chaleco. A duras penas sacó el reloj de plata, con flores de esmalte, y trató de distinguir las manecillas. Pero sin luz no se veía nada. Volvió a tumbarse boca abajo, apoyándose en los codos y en las rodillas, como había hecho cuando encendió el cigarrillo; sacó las cerillas e intentó prender una. Pero esta vez hizo las cosas con más cuidado: comprobó con los dedos qué cerilla tenía mayor cantidad de fósforo y la encendió a la primera. Acercó la esfera a la llama y echó un vistazo: apenas daba crédito a sus ojos… Sólo eran las doce y diez. Aún tenían toda la noche por delante.