Amo y criado
Amo y criado —¿Acaso hemos cerrado algún trato? —le decÃa Vasili Andreich a Nikita—. Si necesitas algo, cógelo; ya lo pagarás después con tu trabajo. Yo no soy como los demás, que se demoran, cuentan hasta el último kópek y te ponen multas. Yo soy honrado. Estás a mi servicio y no dejo que pases necesidad.
Cuando pronunciaba esas palabras Vasili Andreich estaba sinceramente convencido de que era el benefactor de Nikita; y sabÃa ser tan persuasivo que todas las personas que dependÃan de su dinero, empezando por Nikita, estaban convencidas de que, en lugar de engañarles, les favorecÃa.
—Le comprendo, Vasili Andreich; ya sabe que le sirvo y me ocupo de usted como si fuera mi propio padre. Le comprendo muy bien —respondÃa Nikita, a quien no se le escapaba que Vasili Andreich le estaba engañando; también comprendÃa que no servirÃa de nada tratar de poner en claro las cuentas; habÃa que seguir viviendo asÃ, hasta que encontrara otra colocación, y conformarse con lo que le diera.
Esa tarde, cuando su amo le ordenó que enganchara, se dirigió alegre y de buen humor a la cochera, como siempre, moviendo con agilidad y ligereza sus piernas torcidas, descolgó de un clavo las pesadas riendas de cuero con borlas y, acompañado del tintineo de las arandelas del freno, se encaminó al establo en el que estaba encerrado el caballo elegido por Vasili Andreich.
