Ana Karenina
Ana Karenina Al presentarse en sociedad su hija menor, se reproducÃan las mismas dudas, los mismos temores y, además, más frecuentes discusiones con su marido. Como todos los padres, el viejo PrÃncipe era muy celoso del honor y pureza de sus hijas, y sobre todo de Kitty, su predilecta, y a cada momento armaba escándalos a la Princesa, acusándola de comprometer a la joven.
La Princesa estaba acostumbrada ya a aquello con las otras hijas, pero ahora comprendÃa que la sensibilidad del padre se excitaba con más fundamento. ReconocÃa que en los últimos tiempos las costumbres de la alta sociedad habÃan cambiado y sus deberes de madre se habÃan hecho más complejos.
VeÃa a las amigas de Kitty formar sociedades, asistir a no se sabÃa qué cursos, tratar a los hombres con libertad, ir en coche solas, prescindir muchas de ellas, en sus saludos, de hacer reverencias y, lo que era peor, estar todas persuadidas de que la elección de marido era cosa suya y no de sus madres.