Ana Karenina
Ana Karenina «Hoy día las jóvenes no se casan ya como antes», decían y pensaban todas aquellas muchachas; y lo malo era que lo pensaban también muchas personas de edad. Sin embargo, cómo se casaban «hoy día» las jóvenes nadie se lo había dicho a la Princesa. La costumbre francesa de que los padres de las muchachas decidieran su porvenir era rechazada y criticada. La costumbre inglesa de dejar en plena libertad a las chicas tampoco estaba aceptada ni se consideraba posible en la sociedad rusa. La costumbre rusa de organizar las bodas a través de casamenteras era considerada como grotesca y todos se reían de ella, incluso la propia Princesa.
Pero cómo habían de casarse sus hijas, eso no lo sabía nadie. Aquellos con quienes la Princesa tenía ocasión de hablar no salían de lo mismo:
–En nuestro tiempo no se pueden seguir esos métodos anticuados. Quienes se casan son las jóvenes, no los padres. Hay que dejarlas, pues, en libertad de que se arreglen; ellas saben mejor que nadie lo que han de hacer.