Ana Karenina
Ana Karenina A poco de separarse de su mujer, escribió una memoria sobre los nuevos tribunales, la primera de toda una larga serie, que nadie le había pedido, sobre los diversos aspectos de la administración.
Alexey Alejandrovich no sólo no se daba cuenta de su situación en el mundo burocrático, lo que pudiera haberle afligido, sino que estaba más satisfecho que nunca de sus actividades.
«El casado se preocupa de las cosas mundanas y de cómo hacerse más agradable a su mujer, pero el no casado se preocupa de las cosas de Dios y de cómo servirle mejor» , dice el apóstol San Pablo. Alexey Alejandrovich, que ahora se guiaba en todo por la Santa Escritura, recordaba a menudo aquel texto. Parecíale que, desde que le abandonara su esposa, servía mejor que antes al Señor en todos sus proyectos.
La evidente impaciencia que mostraba el miembro del Consejo no molestaba a Karenin. Y no interrumpió sus explicaciones hasta que aquél, aprovechando que pasaba un miembro de la familia imperial, se le escapó.
Una vez solo, Karenin bajó la cabeza, se absorbió en sus pensamientos y miró distraídamente a su alrededor. Luego se dirigió hacia donde esperaba hallar a Lidia Ivanovna.