Ana Karenina
Ana Karenina Sus pensamientos eran complejos y varios. Imaginaba que su padre iba a recibir de repente las condecoraciones de Andrés y Vladimiro y que, en consecuencia, se mostrarÃa mucho más indulgente para la lección de hoy; pensaba que cuando fuera mayor, recibirÃa él también todas aquellas condecoraciones y asimismo las que se crearan superiores a la de Andrés. Apenas las crearan, Sergio las merecerÃa. Y si las creaban más altas aún, también él habÃa de obtenerlas al punto.
Pensando asà pasó el tiempo y, cuando llegó el profesor, la lección de tiempo, lugar y modo no estaba estudiada, y el profesor quedó, no sólo descontento, sino hasta triste, ya que hizo afligirse al niño.
No se creÃa culpable de no haber estudiado la lección, ya que, a pesar de todo su deseo, no habÃa podido hacerlo.
Mientras su maestro habÃa estado con él, parecÃale comprender; pero en cuanto quedó solo no pudo recordar ni entender más que una frase tan breve y obvia como que «de repente» era un modo adverbial; pero comprendió, en todo caso, que habÃa disgustado al maestro.
Escogió un momento en que el profesor miraba, en silencio, el libro.
–Mijail Ivanovich, ¿cuándo es su santo? –le preguntó bruscamente.