Ana Karenina
Ana Karenina –Has hecho muy bien –repuso Vronsky, con tranquila sonrisa, descubriendo las apretadas hileras de sus dientes y besándole la mano.
–Alexey, ¿sigues siendo el mismo para mÃ? –preguntó Ana, apretando la mano de él entre las suyas–. Sufro mucho aquÃ, Alexey. ¿Cuándo nos vamos?
–Pronto, pronto… No sabes lo penosa que me resulta también a mà la vida aquÖdijo él retirando su mano.
–Ve, ve –repuso Ana ofendida.
La dejó y salió de la habitación rápidamente.