Ana Karenina
Ana Karenina
–Aquà tiene, Princesa, a Dolly, a la que tanto querÃa usted ver –dijo Ana, saliendo, junto con Daria Alejandrovna, a la gran terraza de piedra donde, sentada ante el bastidor, bordando un antimacasar para el conde Alexey Kirilovich, estaba la princesa Bárbara.
–Dice –añadió Ana– que no quiere tomar nada antes de la comida, pero usted ordenará que sirvan el desayuno. Mientras, yo voy a buscar a Alexey y les traeré a todos aquÃ.
La princesa Bárbara acogió a Dolly cariñosamente y, con tono algo protector, se puso a explicarle en seguida que vivÃa en la casa de Ana porque ésta la amaba, de siempre, más que a su hermana, Katerina Paulovna, que la habÃa educado. Ahora, cuando todos habÃan abandonado a Ana, ella habÃa considerado un deber ayudarla en este perÃodo transitorio, el más penoso de su vida.
