Ana Karenina
Ana Karenina ¡Oh, sus hermosos ojos enamorados! Cuando ella ha dicho: "Y además… " ¿A qué se referÃa? En realidad, a nada… ¡Qué agradable me resulta todo esto! Y a ella también… ».
Vronsky comenzó a pensar dónde concluirÃa la noche. Meditó en los sitios a los que podÃa ir.
«¿El cÃrculo? ¿Una partida de besik y beber champaña con Ignatiev… ? No, no. ¿El Château des fleurs?
Allà encontraré a Oblonsky, habrá canciones, cancán… No; estoy harto de eso. Precisamente si aprecio a los Scherbazky es porque en su casa me parece que me vuelvo mejor de lo que soy… Más vale irse a dormir.»
Entró en su habitación del hotel Diseau, mandó que le sirviesen la cena, se desnudó y apenas puso la cabeza en la almohada se durmió con un profundo sueño.