Ana Karenina
Ana Karenina Sin este deseo, que aumentaba constantemente, de ser fibre, de no tener escenas desagradables cada vez que había de salir a la ciudad, para las juntas o las cameras, Vronsky habría estado completamente satisfecho de su vida. El papel que había escogido, de rico propietario de tiemas, clase social que debía componer el núcleo esencial de la aristocracia rusa, no solamente lo había encontrado de su gusto, sino que al cabo de medio año de estar viviéndolo, le procuraba cada vez mayor placer. Sus asuntos, que le atraían más y más, ocupándole continuamente, llevaban una marcha próspera. No obstante las enormes sumas que le costaban el hospital, las máquinas, las vacas que había hecho traer de Suiza y muchas otras cosas, Vronsky estaba seguro de que no disminuiría su fortuna, sino que la vería aumentada.