Ana Karenina
Ana Karenina Los jóvenes llevaban uniformes desabrochados con el talle bajo, anchos los hombros, chalecos blancos, o bien, los uniformes con cuellos negros y laureles bordados, distintivo del ministerio de Justicia. Los uniformes de la Corte que aquí y allá adornaban la sala pertenecían al partido joven.
Pero la división en jóvenes y viejos no coincidía con la agrupación en partidos. Como observó Levin, algunos de los clasificados como jóvenes por su vestir pertenecían al partido «viejo»; y, al contrario, algunos de los nobles más viejos hablaban en voz baja con Sviajsky y se veía que eran adictos a éste, de los más decididos partidarios del partido nuevo.
Levin había seguido a su hermano hasta una sala pequeña, donde los de su grupo fumaban, bebían, tomaban bocadillos y charlaban. Se había acercado a uno de los corros y escuchaba su conversación, y ponía en tensión todas sus fuerzas tratando de comprender lo que decían.
Sergio Ivanovich estaba en el centro del grupo.
Ahora escuchaba a Sviajsky y a Kliustov, el presidente de otra comarca, que pertenecía, también, a su partido.