Ana Karenina

Ana Karenina

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–Si vas a Moscú, iré yo también. No quiero quedarme aquí. Debemos separarnos definitivamente, o vivir juntos.

–Tú sabes que ése es mi único deseo. Pero para esto…

–¿Hay que obtener el divorcio? Voy a escribir en seguida a mi marido. Veo que no puedo vivir así… Pero iré contigo a Moscú.

–Parece que me amenazas… Pues bien: mi más ardiente deseo es separarme de ti –dijo Vronsky sonriendo.

Pero en sus ojos, al pronunciar aquellas dulces palabras, brillaba no sólo una mirada fría, sino irritada, la mirada de un hombre exasperado por aquella obstinación.

Ana vio su mirada y comprendió hasta el fondo su significado: «¡Qué desgracia!», leyó en los ojos de Vronsky

Fue una impresión que duró un instante, pero Ana no la olvidó nunca más.

Ana escribió la carta a su marido pidiéndole que accediera al divorcio.

Y a fines de noviembre, separándose de la princesa Bárbara, la cual debía ir a San Petersburgo, marchó con Vronsky a Moscú, donde, esperando cada día la contestación de Alexey Alejandrovich y luego el divorcio, se instalaron juntos como marido y mujer.


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