Ana Karenina
Ana Karenina
Casado con Natalia, hermana de Kitty, Lvov había pasado toda su vida en las capitales y en el extranjero, donde se había educado y había actuado después como diplomático.
El año anterior había dejado el servicio diplomático, no porque le hubiese sucedido nada desagradable (cosa imposible en él), sino para pasar al servicio del ministerio de la Corte, en Moscú, y tener así la posibilidad de dar una educación superior a sus dos hijos.
No obstante la diferencia bien marcada entre sus costumbres a ideas, y aunque Lvov era mucho más viejo que Levin, durante aquel invierno los dos cuñados se habían sentido unidos por una sincera amistad.
Lvov estaba en casa y Levin entró en su gabinete sin anunciarse.
Vestido con una bata, con cinturón y zapatillas de gamuza, Lvov estaba sentado en una butaca y con su pincenez de cristales azules leía en un libro colocado sobre un pupitre, mientras que, con una mano, entre dos dedos, sostenía con cuidado, a distancia, un cigarrillo encendido a medio consumir.
Su rostro, joven aún, al cual los cabellos rizados, blancos y brillantes, daban un aire aristocrático, al aparecer Levin se iluminó con una sonrisa de alegría.