Ana Karenina
Ana Karenina
Llegó al Círculo a la hora justa, en el momento en que socios a invitados se reunían en él.
Levin no había estado allí desde el tiempo en que, habiendo salido ya de la universidad, vivía en Moscú y frecuentaba la alta sociedad. Recordaba con todo detalle el local, y cómo estaban dispuestas todas las dependencias; pero había olvidado por completo la impresión que antes le producía.
Seguro de sí y sin vacilar, llegó al patio, ancho, semicircular y, dejando el coche de alquiler, subió la escalinata. Cuando le vio el portero, de flamante uniforme con ancha banda, le abrió la puerta sin hacer ruido y le saludó.