Ana Karenina
Ana Karenina
Al dejar la mesa, Levin se dirigió, con Gagin, a la sala de billares. Sentíase extraordinariamente ligero.
En el salón grande encontró a su padre político.
–¿Qué? ¿Cómo encuentras nuestro templo de la ociosidad? –le preguntó el Príncipe tomándole del brazo–. Vamos. Echaremos un vistazo… daremos una vuelta y visitaremos el local…
–Sí, también yo tenía esa intención. Me parece muy interesante.
–Sí, para ti es interesante. Ahora, yo ya tengo otros intereses… Cuando miras a aquellos viejecitos, seguro que piensas que han nacido así, «machacados» –––dijo el Príncipe mostrándole un miembro del Círculo con el labio inferior colgando y que al andar apenas movía los pies, calzados con zapatos flexibles.
–¿Qué quiere decir «machacado»?