Ana Karenina
Ana Karenina –Es Jachvin –contestó Vronsky a Turovzin, que le habÃa preguntado quién era aquel jefe militar. Y se sentó al lado de ellos, en la silla que habÃa vacante.
Habiendo bebido la copa de champaña que le ofrecieron, Vronsky pidió otra botella.
Ya fuera por la impresión que le produjo el CÃrculo, ya por el vino que habÃa bebido, Levin se sentÃa feliz. Entabló con Vronsky una animada conversación sobre caballos y se sintió aún más feliz al comprobar que no experimentaba animosidad alguna contra él. Hasta le dijo, entre otras cosas, que su mujer le habÃa dicho que le habÃa encontrado en la casa de la princesa MarÃa Borisoyna.
–¡Ah! La princesa MarÃa Borisovna… ¡Es un encanto! –comentó Esteban Arkadievich. Y contó una anécdota referente a ella que hizo reÃr a todos.
Con tanta gana, tan francamente rió Vronsky, que Levin se sintió completamente reconciliado con él.
–¿Qué? ¿Hemos terminado? –preguntó Esteban Arkadievich–. Vamos, pues –añadió sonriente.