Ana Karenina
Ana Karenina ¿Su mujer? Oblonsky había hablado precisamente aquel día con el príncipe Chechensky, quien tenía esposa a hijos –hijos ya mayorcitos, unos hombrecitos, pajes ya–; y al lado de ésta tenía otra familia ¡legal, en la cual había también hijos. Aunque todos los de familia legítima eran buenos, el príncipe Chechensky se sentía mucho más feliz con los de la otra. Y hasta a veces llevaba al mayor de los hijos legítimos a esta otra casa, considerando –así se lo aseguraba a Oblonskyque esto era muy útil y provechoso para aquél. «¿Qué habrían dicho de esto en Moscú?», pensaba Oblonsky.
¿Los hijos? En San Petersburgo los hijos no estorbaban la vida de los padres. Los hijos se educaban en los colegios y allí no existía aquella costumbre, tan de moda en Moscú (por ejemplo, el príncipe Lvov), de tener a los hijos con todo lujo y los padres conformarse con no disfrutar de nada, con no tener nada más que el trabajo y las preocupaciones que da la familia.
Allí, en San Petersburgo, entendían que el hombre necesitaba vivir libremente, y para sí mismo, sin obligaciones que entorpeciesen sus caprichos o sus necesidades.