Ana Karenina
Ana Karenina –¡Oh, sÃ!… Ciertamente… –dijo Esteban Arkadievich pensando con gran contento que iban a leer y que asà tendrÃa tiempo de darse cuenta exacta de la situación.
«Creo» , pensó, « que será mejor no pedir nada hoy. Lo que tengo que procurar es marcharme de aquà antes de enredar más las cosas».
–Esto va a aburrirle, ya que usted no sabe inglés. Pero es corto –dijo la Condesa dirigiéndose a Landau.
–¡Oh! Lo comprenderé –contestó éste con dulce sonrisa. Y cerró suavemente los ojos.
Alexey Alejandrovich y Lidia Ivanovna intercambiaron miradas significativas y comenzó la lectura.