Ana Karenina
Ana Karenina En el Teatro Francés, adonde llegó cuando representaban el último acto, y luego en el Restaurante Tártaro, bebiendo champaña en abundancia, en el ambiente habitual suyo, Esteban Arkadievich pareció respirar mejor.
Sin embargo, durante toda la noche no consiguió apartar de sí el malestar de aquella visita.
Al volver a casa de Pedro Oblonsky, donde se alojaba durante sus estancias en San Petersburgo, Esteban Arkadievich encontró una carta de Betsy, que le decía que sentía vivos deseos de terminar la conversación que habían empezado, para lo cual le pedía que fuese a verla al día siguiente.
Apenas había terminado de leer aquella insinuante misiva, que le produjo una impresión desagradable, cuando abajo, èn los pisos inferiores, oyó un ruido como de hombres que llevasen un pesado fardo.
Salió a la escalera y vio que se trataba del «rejuvenecido» Pedro Oblonsky, conducido en brazos, tan ebrio que no podía subir la escalera.
Al ver a su sobrino, Pedro Oblonsky pidió a los que le llevaban que le pusieran en pie y, apoyándose en Esteban Arkadievich, entró con él en su habitación. Una vez allí se puso a contarle cómo había pasado la noche, quedando poco después dormido en la misma butaca donde se había sentado.