Ana Karenina
Ana Karenina –¡Decididamente, es imposible –exclamó Vronsky soltando con desaliento las manos de Ana.
«Me odia, esto está claro», se dijo ella. Y sin decir ni una palabra más ni volver la cabeza, y con pasos vacilantes, salió de la habitación.
«Ama a otra mujer. Esto es evidente», se decÃa entrando en su cuarto. «Quiero amor y no lo encuentro. Es decir, que ya no hay nada entre nosotros y debemos acabar de una vez. ¿Pero, cómo?», se preguntó, sentándose en una butaca ante el espejo.
A continuación se puso a pensar a dónde irÃa una vez que se separara de Vronsky. « ¿A casa de la tÃa que me educó? ¿A la de Dolly? ¿O, sencillamente, me iré sola al extranjero?» Pensó después en lo que estarÃa haciendo él en aquel momento, solo en su gabinete: en si aquella discusión habÃa sido decisiva o si aún serÃa posible la paz entre ellos; en qué murmurarÃan de ella sus conocidos de San Petersburgo; en cómo la mirarÃa Alexey Alejandrovich.