Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cogió la taza con la mano, la levantó, separando el dedo meñique, la acercó a la boca y bebió paladeando. Después de tomar así unos sorbos, miró a Vronsky y en la expresión de su rostro le pareció adivinar que a él le eran desagradables su mano, su gesto y el ruido que producía con los labios al sorber el café.

–A mí me es completamente indiferente lo que piense tu madre y cómo quiera casarte –dijo Ana, poniendo otra vez la taza sobre la mesa, temblándole la mano.

–No hablábamos de esto –cortó Vronsky.

–Pues es de eso precisamente de lo que tenemos que hablar. Y cree que a mí, una mujer sin corazón, sea

vieja o no, sea tu madre o la madre de otro cualquiera, no me interesa, no quiero conocerla.

–Ana, te suplico que respetes a mi madre –le rogó Vronsky.

–La mujer que no adivina dónde están la felicidad y el honor de su hijo no tiene corazón –insistió ella.

–Repito mi ruego de que no faltes al respeto a mi madre, a la que quiero y respeto –volvió a decir Vronsky, levantando la voz y mirándola con severidad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker