Ana Karenina
Ana Karenina –Precisamente faltan artilleros ––dijo Katavasov.
–Pero he servido poco en artillerÃa. Quizá me destinen a caballerÃa o infanterÃa.
–¿Cómo van a mandarle a infanterÃa cuando lo que más necesitan son artilleros? –respondió Katavasov, calculando por la edad de su interlocutor que debÃa de tener algún grado.
–He servido poco en artillerÃa –repitió–. Soy sargento retirado.
Y comenzó a explicar los motivos de no haberse presentado a los exámenes.
Todo ello en conjunto produjo en Katavasov una impresión ingrata y cuando los voluntarios se apearon a beber en una estación, resolvió contrastar su impresión desfavorable con la de algún otro. HabÃa allà un viajero, un anciano vestido con capote militar, que habÃa estado escuchando todo aquel rato la charla de Katavasov con los voluntarios y ahora, al quedar solos los dos, se dirigió a él:
–¡Qué posiciones tan diferentes las de estos hombres que marchan a la guerra! –dijo con vaguedad, deseando expresar su opinión y deseando conocer la del viajero.