Ana Karenina
Ana Karenina
Durante la parada en una capital de provincia, Kosnichev, en vez de ir a la fonda, se quedó paseando en el andén.
Al pasar la primera vez ante el departamento de Vronsky, vio echada la cortina de la ventanilla, pero la segunda vez distinguió en ella a la anciana Condesa, que le llamó.
–Ya lo ve usted; también hago el viaje. Acompaño a Alexey hasta Kursk.
–Me lo habÃan dicho –repuso Sergio Ivanovich, parándose ante la ventanilla y mirando al interior–. ¡Qué hermoso rasgo! –añadió, al ver que Vronsky no estaba dentro.
–SÃ, pero, ¿qué iba a hacer después de su desgracia?
–¡Qué horrible ha sido! ––exclamó Kosnichev.