Ana Karenina
Ana Karenina –¡No sabe lo que yo he sufrido! Entre, entre… ¡No sabe lo que yo he sufrido! –repitió cuando Sergio Ivanovich se hubo sentado a su lado en el diván–. ¡No puede figurárselo! Alexey pasó seis semanas sin hablar con nadie y sin comer más que cuando yo se lo suplicaba. Era imposible dejarle solo un momento. VivÃamos en el piso de abajo, y tuvimos cuidado en quitarle todo aquello con que pudiera suicidarse. Pero, ¿quién puede preverlo todo? Ya sabe usted que ya una vez habÃa intentado suicidarse, por ella también… –agregó la anciana, frunciendo las cejas al recordarlo–. Ella ha terminado como debÃa terminar una mujer asÃ. Incluso eligió una muerte baja, vil…
–No somos nosotros quienes hemos de juzgarla, Condesa –dijo Sergio Ivanovich suspirando–. Pero reconozco que todo eso habrá sido muy penoso para usted.