Ana Karenina
Ana Karenina «Ha ido a casa y no me ha encontrado», pensó, «y ha venido a ver si me hallaba aquí. Pero no ha querido entrar por lo tarde que es y también por hallarse Ana, que es una extraña para él».
Todos se miraron en silencio. Luego comenzaron a hojear el álbum.
Nada había de extraordinario en que un amigo visitase a otro a las nueve y media de la noche para informarse sobre un banquete que había de celebrarse al día siguiente; pero a todos les pareció muy extraño, y a Ana se lo pareció más que a nadie, y aun le pareció que el proceder de Vronsky no era del todo correcto.