Ana Karenina
Ana Karenina –Será que me traen algún documento ––dijo Esteban Arkadievich.
Mientras Ana pasaba ante la escalera principal, el criado subÃa para anunciar al recién llegado, que estaba en el vestÃbulo, bajo la luz de la lámpara. Ana miró abajo y, al reconocer a Vronsky, un extraño sentimiento de alegrÃa y temor invadió su corazón. El permanecÃa con el abrigo puesto, buscándose algo en el bolsillo.
Al llegar Ana a la mitad de la escalera, Vronsky miró hacia arriba, la vio y una expresión de vergüenza y de confusión se retrató en su semblante. Ana siguió su camino, inclinando ligeramente la cabeza.
En seguida, sonó la voz de Esteban Arkadievich invitando a Vronsky a que pasara, y la del joven, baja, suave y tranquila, rehusando.
Cuando volvió Ana con el álbum, Vronsky ya no estaba allÃ, y Esteban Arkadievich contaba que su amigo habÃa venido sólo para informarse de los detalles de una comida que se daba al dÃa siguiente en honor de una celebridad extranjera.
–Por más que le he rogado, no ha querido entrar –dijo Oblonsky–. ¡Cosa rara!
Kitty se ruborizó, creyendo haber comprendido los motivos de la llegada de Vronsky y su negativa a pasar.