Ana Karenina
Ana Karenina –¿Qué quieres decir «no se olvida de Dios»? ¿Y qué es eso de que «vive para su alma»? –preguntó Levin con extrañeza.
–Ya se sabe: lo justo es lo que Dios manda. Hay gente muy distinta: unos que lo hacen y otros que no. Usted, por ejemplo, no trata mal a la gente.
–SÃ, sÃ. Adiós –se despidió Levin sofocado por la emoción.
Y, volviendo al hórreo, tomó su bastón y se dirigió a su casa.
Al oÃr que Fokanich «vivÃa para su alma, siendo justo, como Dios manda», pensamientos vagos, pero fecundos, habÃan acudido en tropel a su mente, dirigidos todos a un único fin, cegándole el entendimiento.