Ana Karenina
Ana Karenina El echador era de aquel lugar donde Levin, hacía ya tiempo, había cedido la tierra según el principio cooperativo. Ahora estas tierras las llevaba el guarda en arriendo. Levin habló de ellas con Feódor y le preguntó si no las arrendaría el año próximo Platon, un campesino rico del mismo lugar.
–La tierra es muy cara, Constantino Dmitrievich. A Platon no le resultaría –contestó Feódor, sacando de debajo de la camisa sudada las espigas que se le habían introducido allí.
–¿Y cómo es que Kirilov saca provecho?
–A Mitiuja –así llamaba Feódor, despectivamente, al guarda–, a Mitiuja le es muy fácil sacar provecho: va apretando y sacará lo suyo. Éste no tiene compasión de alma cristiana, mientras que el tío Fokanich –así llamaba al viejo Platon– no quita el pellejo a nadie. Aquí dará en préstamo y en otra parte perdonará una deuda. Así resulta que recibe todo lo que le pertenece. Es un buen hombre.
–¿Y por qué perdona tanto a los demás?
–Porque las personas no son todas iguales. Hay hombres que sólo viven para sí mismos, como, por ejemplo, Mitiuja. Ese se preocupa sólo de su barriga. Fokanich, en cambio, es un viejo muy recto: vive para su alma y no se olvida de Dios.