Ana Karenina
Ana Karenina En aquellos días había comprendido claramente que para él y para todos no existía nada en adelante sino sufrimiento, muerte, olvido eterno; pero a la vez había reconocido que así era imposible vivir, que precisaba explicarse su vida de otro modo que como una ironía diabólica, o, de lo contrario, pegarse un tiro.
Él no hizo ni lo uno ni lo otro, sino que continuó viviendo, sintiendo y pensando, a incluso en aquella época se casó, y experimentó muchas alegrías y fue feliz entonces que no pensaba para nada en el sentido de la vida.
¿Qué significaba, pues, aquello? Que vivía bien y pensaba mal.
Vivía, sin comprenderlo, a base de las verdades espirituales que mamara con leche de su madre, pero pensaba, no sólo no reconociendo tales verdades, sino apartándose de ellas deliberadamente.
Y ahora veía claramente que sólo podía vivir merced a las creencias en que fuera educado.
«¿Qué habría sido de mí y cómo habría vivido de no tener esas creencias si no supiese que hay que vivir para Dios y no sólo para mis necesidades?
» Hubiese robado, matado, mentido. Nada de lo que constituyen las mayores alegrías de mi vida habría existido para mí.»