Ana Karenina
Ana Karenina -Mi contestación es la siguiente: la guerra es una cosa tan brutal, feroz y terrible, que no digo ya un cristiano, sino ningún hombre puede tomar sobre sà personalmente la responsabilidad de empezarla. Sólo el Gobierno puede ocuparse de eso y ser por necesidad arrastrado a la guerra. Además, según la costumbre y el sentido común, cuando se trata de asuntos de gobierno, y sobre todo de guerras, todos los ciudadanos deben abdicar de su voluntad personal.
Sergio Ivanovich y Katavasov hablaron a la vez, exponiendo sus objeciones, que ya tenÃan preparadas.
-Hay casos en que el Gobierno no cumple la voluntad de los ciudadanos, y entonces el pueblo declara espontáneamente su voluntad —dijo Katavasov.
Pero Kosnichev no parecÃa apoyar el criterio de Katavasov. Frunció las cejas y dijo:
-No debe usted plantear asà la cuestión. Aquà no hay declaración de guerra, sino la expresión de un sentimiento humanitario, cristiano. Están matando a nuestros hermanos, a gente de nuestra raza y fe. Y no ya a nuestros hermanos y correligionarios, sino simplemente a mujeres, ancianos y niños. El sentimiento grita y los rusos corren a ayudar a terminar con esos horrores. Figúrate que vas por la calle y ves unos borrachos golpeando a una mujer o a un niño. No creo que lo detuvieras a preguntar si se ha declarado la guerra a ese hombre o no, sino que lo lanzarÃas en defensa del ofendido.