Ana Karenina
Ana Karenina
Experto en dialéctica, Sergio Ivanovich, sin replicar a la última objeción de Levin, llevó la conversación a otro punto de vista.
–Si quieres averiguar –dijo– por un medio aritmético el espÃritu del pueblo, es claro que será muy difÃcil que llegues a conocerlo. En nuestro paÃs no está aún implantado el sufragio, y no puede ser introducido, porque no expresarÃa la voluntad popular; pero para saber cuál es ésta existen otros caminos: se percibe en el ambiente, se siente en el corazón. Ya no hablo de aquellas corrientes bajo el agua que se mueven en el mar muerto del pueblo y que son claras para toda persona que no tenga prevención, miras particulares en el estricto sentido de la palabra. Todos los partidos del mundo intelectual, antes enemigos irreconciliables, ahora se han fundido en una sola idea, las discordias se han terminado. Toda la prensa dice lo mismo; todos han sentido una fuerza titánica que les empuja en la misma dirección.
–SÃ, lo dicen todos los periódicos –repuso el PrÃncipe–. Esto es verdad. Pero de tal modo dicen todos lo mismo, que semejan las ranas en el pantano antes de la tempestad. Hacen tanto ruido, que no se oye ningún otro…