Ana Karenina
Ana Karenina –Parece como si me hablaras de ellos para realzar más su valor –repuso Ana, escuchando, involuntariamente, los pasos de Vronsky que caminaba tras ellos.
«En realidad no me preocupan nada», pensó para sÃ.
Y luego preguntó a su esposo cómo habÃa pasado Sergio aquellos dÃas.
–Muy bien. Mariette me dijo que estaba de muy buen humor. Lamento decirte que no te echó nada de menos. No le sucedÃa lo mismo a tu amante esposo. Te agradezco que hayas vuelto un dÃa antes de lo que esperaba. Nuestro querido samovar se alegrará mucho también.
Karenin aplicaba el apelativo de «samovar» a la condesa Lidia Ivanovna, por su constante estado de vehemencia y agitación. Siguió diciendo:
–Me preguntaba diariamente por ti. Te aconsejo que la visites hoy mismo. Ya sabes que su corazón sufre siempre por todo y por todos y ahora está particularmente inquieta con el asunto de la reconciliación de los Oblonsky.
Lidia era una antigua amiga de su marido y el centro de aquel cÃrculo social que, por las relaciones de su esposo, Ana se veÃa obligada a frecuentar.
–Ya le he escrito.
–Pero quiere saber todos los detalles. Ve, amiga mÃa, ve a verla, si no estás muy cansada. Ea, te dejo.