Ana Karenina
Ana Karenina Antes de que Ana acabara de tomar el café, le anunciaron la visita de la condesa Lidia Ivanovna. Era una mujer alta y gruesa, de amarillento y enfermizo color y grandes y magnÃficos ojos negros, algo pensativos.
Ana la querÃa mucho y, sin embargo, pareció apreciar sus defectos por primera vez.
–¿Conque llevó a los Oblonsky el ramo de oliva, querida? –preguntó Lidia Ivanovna.
–Todo está arreglado –repuso Ana–. Las cosas no andaban tan mal como nos figurábamos. Ma belle soeur toma sus decisiones con demasiada precipitación y…
Pero la Condesa, que tenÃa la costumbre de interesarse por cuanto no le importaba, y solÃa, en cambio, no poner atención alguna en lo que debÃa interesarle más, interrumpió a su amiga:
–Estoy abatida. ¡Cuánta maldad y cuánto dolor hay en el mundo!
–¿Pues qué sucede? –interrogó Ana, dejando de sonreÃr.