Ana Karenina
Ana Karenina Cuando Kitty se fue llorando, Dolly comprendió que arreglar aquel asunto era propio de una mujer y se dispuso a entrar en funciones. Se quitó el sombrero y, arremangándose moralmente, si vale la frase, se aprestó a obrar. Mientras su madre habÃa estado increpando a su padre, Dolly trató de contenerla tanto como el respeto se lo permitÃa. Durante el arrebato del PrÃncipe, se conmovió después con su padre viendo la bondad demostrada por él en seguida al ver llorar a la Princesa.
Cuando su padre hubo salido, resolvió hacer lo que más urgÃa: ver a Kitty y tratar de calmarla.
–Mamá: hace tiempo que querÃa decirle que Levin, cuando estuvo aquà la última vez, se proponÃa declararse a Kitty. Se lo dijo a Stiva.
–¿Y qué? No comprendo…
–Puede ser que Kitty le rechazara. ¿No te dijo nada ella?
–No, no me dijo nada de uno ni de otro. Es demasiado orgullosa, aunque me consta que todo es por culpa de aquél.
–Pero imagina que haya rechazado a Levin… Yo creo que no lo habrÃa hecho de no haber pasado lo que yo sé. ¡Y luego el otro la engañó tan terriblemente!
La Princesa, asustada al recordar cuán culpable era ella con respecto a Kitty, se irritó.