Ana Karenina

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–Escuche, escuche… Se pide perdón en toda regla: «Estamos desesperados; le rogamos que perdone la enojosa equivocación… ». El consejero titular empieza a ablandarse, trata de expresar sus sentimientos y, apenas comienza a hacerlo, se irrita y empieza a decir groserías. Tengo, pues, que volver a poner en juego mi talento diplomático. « Reconozco que la conducta de esos dos señores no fue correcta, pero le ruego que tenga en cuenta su error, su juventud. No olvide, además, que ambos salían de una opípara comida, y… Ya me comprende usted. Ellos se arrepienten con toda su alma y yo le ruego que les perdone.» El consejero vuelve a ablandarse: «Conforme; estoy dispuesto a perdonarles, pero comprenda que mi mujer, una mujer honrada, ha soportado las persecuciones, groserías y audacias de dos estúpidos mozalbetes… ¿Comprende usted? Aquellos mozalbetes estaban allí mismo y yo tenía que reconciliarles. Otra vez empleo mi diplomacia y otra vez, al ir a terminar el asunto, mi consejero titular se irrita, se pone rojo, se le erizan las patillas… y una vez más me veo obligado a recurrir a las sutilezas diplomáticas â€¦ » .





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