Ana Karenina
Ana Karenina
Una vida nueva empezó desde entonces para Alexey Alejandrovich y su mujer.
No es que pasara nada extraordinario. Ana frecuentaba, como siempre, el gran mundo, visitando mucho a la princesa Betsy y encontrándose con Vronsky en todas partes.
Alexey Alejandrovich reparaba en ello, pero no podÃa hacer nada. A todos sus intentos de provocar una explicación entre los dos, Ana oponÃa, como un muro impenetrable, una alegre extrañeza.
Exteriormente todo seguÃa igual, pero las relaciones Ãntimas entre los esposos experimentaron un cambio radical. Alexey Alejandrovich, tan enérgico en los asuntos del Estado, se sentÃa impotente en este caso.
Como un buey, que abate sumiso la cabeza, esperaba el golpe del hacha que adivinaba suspendida sobre él.
