Ana Karenina

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Capítulo 14

 

Al acercarse a su casa en inmejorable disposición de ánimo, Levin oyó un ruido de campanillas por el lado de la puerta principal.

«Ha venido alguien por ferrocarril» , pensó. «Es la hora del tren de Moscú. ¿Quién será? ¿Mi hermano Nicolás? Me dijo que iría a tomar las aguas en el extranjero o que vendría a mi casa. Â»

En principio, la idea de la presencia de su hermano le disgustó, sospechando que iba a perturbar su buena disposición de ánimo, tan acorde con la alegría primaveral. Pero, avergonzándose, abrió sus brazos espiritualmente, experimentando una sencilla alegría y deseando de corazón que el llegado fuese Nicolás.

Espoleó al caballo y, al salir de las acacias, vio una troika de alquiler que llegaba de la estación y en la que iba un señor con pelliza.

No era su hermano.

«¡Si fuese al menos alguna persona simpática con la que se pudiese hablar!» , pensó Levin.

Y, al reconocer a Esteban Arkadievich, exclamó alegremente, levantando los brazos:

–¡Qué visita más agradable! ¡Cuánto me complace verte!

Y pensaba:

«Ahora sabré con certeza si Kitty se ha casado o cuándo se casa.»


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