Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y sintió que en aquel día primaveral el recuerdo de Kitty no le era tan penoso.

–¿No me esperabas? –dijo Esteban Arkadievich, saliendo del trineo.

Llevaba barro en la nariz, en las mejillas y en las cejas, pero iba radiante de salud y alegría.

–Ante todo, he venido para verte –dijo, abrazando y besando a Levin–; después, para cazar con perro y, además, para vender el bosque de Erguchovo.

–¡Muy bien! ¿Has visto qué primavera? ¿Cómo has podido llegar en trineo?

–En coche habría sido más difícil aún –contestó el cochero, que conocía a Levin.

–Estoy contentísimo de verte ––dijo Levin sonriendo con toda el alma, infantilmente.

Levin acompañó a su amigo al cuarto reservado para los invitados, donde ya habían llevado los efectos de Esteban Arkadievich: un saco de viaje, una escopeta enfundada, una bolsa de cigarros…

Dejándole lavarse y cambiar de ropa, Levin pasó a su despacho para dar órdenes relativas a la labranza y al trébol.

Agafia Mijailovna, muy preocupada como siempre del honor de la casa, abordó a Levin en el recibidor, mareándole con preguntas sobre la comida.

–Haga lo que quiera, pero pronto –dijo Levin.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker