Ana Karenina
Ana Karenina La valla más grande estaba ante la tribuna del Zar.
El Emperador, toda la Corte, grandes masas de público, les contemplaban. Él y Majotin avanzaban galopando. Majotin le llevaba un cuerpo de distancia al llegar al «diablo», como llamaban a aquella barrera.
Vronsky sentía los ojos del público puestos en él desde todas partes, pero no veía nada, excepto las orejas y el cuello de su caballo, excepto la tierra que corría a su encuentro, excepto la grupa roja y las piernas blancas de « Gladiador», siempre a la misma distancia delante de él.
«Gladiador» se irguió en el aire, agitó su breve cola y desapareció de los ojos de Vronsky sin haber rozado el obstáculo.
–¡Bravo! –se oyó gritar.
En el mismo instante, las tablas de la barrera pasaron ante los ojos de Vronsky. Sin una sola agitación, el caballo se levantó bajo el jinete, las tablas desaparecieron y sólo sintió detrás de él el ruido de un ligero golpe.
«Fru–Fru», inquieta por ver delante a «Gladiador» , había saltado demasiado pronto, tropezando en la barrera con uno de los cascos traseros.