Ana Karenina
Ana Karenina Pero su carrera no se interrumpió. Vronsky recibió en el rostro una pella de barro, comprobando casi a la vez que le separaba de «Gladiador» la misma distancia de antes. Veía otra vez sus ancas ante sí, su cola corta Y sus patas blancas que se movían rápidamente, pero sin agrandar la distancia.
En el instante en que Vronsky pensaba que era preciso adelantar a Majotin, «Fru–Fru», espontáneamente, adivinando su pensamiento sin que él la excitase, aceleró su carrera acercándose a Majotin por el lado de las cuerdas, que era el más favorable. Pero Majotin corría demasiado cerca de las cuerdas impidiéndole pasar. Pensó Vronsky que el único recurso que le quedaba era pasarle por el lado de fuera, y apenas lo hubo pensado, cuando ya «Fru–Fru» , cambiando de pata, comenzaba a adelantarle por allí precisamente.
Los flancos de «Fru–Fru» , que empezaban a cubrirse de sudor, estaban ya a la altura de la grupa de su rival.
Corrieron un rato muy juntos el uno del otro, pero al llegar al obstáculo, Vronsky, para pasar más cerca de la cuerda, empleó las bridas y, en el mismo montículo, adelantó a Majotin.