Ana Karenina
Ana Karenina –¡Oh! –gimió Vronsky, llevándose las manos a la cabeza–. ¡Oh! ¿Qué he hecho? –gritó–. ¡He perdido la carrera! ¡Y por mi culpa, por mi vergonzosa a imperdonable culpa! ¡Y he perdido mi yegua, mi pobre y querida « Fru–Fru» ! ¿Qué he hecho?
La gente, el médico, su ayudante, los oficiales del regimiento de Vronsky corrieron hacia él. Para su desgracia, se sabÃa ileso.
El caballo tenÃa rota la columna vertebral y decidieron rematarlo. Vronsky no pudo contestar a las preguntas, no pudo hablar con nadie. Volvió la espalda a todos y, olvidando recoger su gorra, que habÃa caÃdo en tierra, marchó del hipódromo sin saber él mismo a dónde iba. Se sentÃa desesperado. Por primera vez en su vida era vÃctima de una desgracia, una desgracia irremediable de la que sólo él tenÃa la culpa.Yachvin le alcanzó, llevándole su gorra, y le acompañó hasta la casa. Media hora más tarde, Vronsky habÃa reaccionado. Pero el recuerdo de aquella carrera persistió durante mucho tiempo en su memoria como el más terrible y penoso de su vida.