Ana Karenina

Ana Karenina

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El ir a ver a su esposa se debía a que había resuelto visitarla una vez por semana para guardar las apariencias. Además, aquel día necesitaba entregar a su mujer el dinero preciso para los gastos de la quincena, como acostumbraba hacer.

Con su habitual dominio de sus pensamientos, una vez que hubo pensado en todo lo que se refería a Ana, prohibió a su imaginación ir más adelante en lo que a ella se refería.

Karenin pasó la mañana muy ocupado. El día anterior Lidia Ivanovna le había mandado un folleto de un viajero célebre por sus viajes en China que estaba, a la sazón, en San Petersburgo.

Lidia Ivanovna acompañaba el envío de una carta pidiéndole que recibiese al viajero, hombre interesante y útil en muchos sentidos.

Alexey Alejandrovich no tuvo tiempo de leer el folleto la tarde antes y hubo de terminarlo por la mañana.

Después empezaron a acudir solicitantes, le presentaron informes, hubo visitas, destinos, despidos, asignación de pensiones, de sueldos, correspondencia… En fin, el trabajo, aquel «trabajo de los días laborables», como decía Alexey Alejandrovich, que le ocupaba tanto tiempo.

Después siguieron dos asuntos personales: recibir al médico y al administrador.


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