Ana Karenina
Ana Karenina Éste no le robó mucho tiempo; no hizo más que entregarle el dinero necesario y un informe sobre el estado de sus asuntos, los cuales no marchaban demasiado bien. Este año habÃan salido mucho y gastado, en consecuencia, mucho más, de modo que existÃa déficit.
El doctor, célebre médico de la capital, amigo de Karenin, le ocupó, en cambio, bastante tiempo.
Alexey Alejandrovich, que no le esperaba, quedó extrañado de su visita, y sobre todo de la manera minuciosa con que le preguntó por su salud. Luego le auscultó, le dio algunos golpecitos en el pecho y le palpó finalmente el hÃgado.
Alexey Alejandrovich ignoraba que Lidia Ivanovna, observando que la salud de su amigo no marchaba bien aquel año, habÃa pedido al médico que le examinase cuidadosamente.
–Hágalo por mà –habÃa dicho Lidia Ivanovna.
–Lo haré por Rusia, Condesa –repuso el médico.
–¡Es un hombre inapreciable! –concluyó Lidia Ivanovna.
El médico quedó preocupado por Karenin. El hÃgado estaba muy dilatado, la nutrición era insuficiente y la cura de aguas no habÃa hecho efecto alguno.