Ana Karenina

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Kitty no se interesaba por los conocidos, ya que no esperaba nada nuevo de ellos. Su interés principal en el balneario consistía en observar a los desconocidos y conjeturar sobre ellos. Por inclinación natural de su carácter, presuponía siempre virtudes en los otros y especialmente en los desconocidos. Y ahora, al hacer suposiciones sobre quien podría ser aquella gente, sus relaciones mutuas y sus caracteres, imaginaba que eran agradables y excepcionales y en sus observaciones creía encontrar la confirmación de sus creencia.

Le interesaba en especial una joven rusa que acompañaba a una señora enferma, rusa también y a quien todos llamaban madame Stal.

Esta dama pertenecía a la alta sociedad. Se encontraba tan enferma que no podía caminar, y sólo los días muy buenos se la veía en un cochecillo. No trataba nunca con rusos, lo que, según la princesa Scherbazky, no se debía a su enfermedad, sino al excesivo orgullo que alentaba en ella.

Como Kitty pudo observar, la joven que la cuidaba trataba a todos los enfermos graves, abundantes allí, y los atendía con gran naturalidad. Siempre según sus observaciones, no debía de ser ni pariente de madame Stal ni una enfermera asalariada. La señora la llamaba Vareñka y los otros mademoiselle Vareñka.


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