Ana Karenina
Ana Karenina Y se entabló la conversación que más interesante resultaba para Daria Alejandrovna. ¿Cómo había dado a luz? ¿Qué enfermedades había tenido el niño? ¿Dónde estaba su marido? ¿Iba a casa a menudo?
Dolly no sentía deseo alguno de separarse de aquellas mujeres, tan agradable le resultaba la charla con ellas y tan parecidas eran sus preocupaciones.
Lo que más agradable le resultaba era ver que aquellas mujeres la admiraban por tener tantos hijos y por lo hermosos que eran.
Las mujeres hicieron incluso reír a Daria Alejandrovna, ofendiendo a la inglesa, que era la causa de aquellas risas que no comprendía.
Una de las mujeres estaba mirando a la inglesa, que se vestía la última de todos, y cuando la vio que se ponía la tercera falda no pudo contener una exclamación:
–Mirad: se pone faldas y más faldas y no acaba nunca de vestirse…
Y todas las mujeres soltaron una carcajada.