Ana Karenina

Ana Karenina

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Lo que pudiera ser de Ana y de su hijo hacia el que experimentaba iguales sentimientos que hacia su mujer, dejó de interesarle. Lo único que le preocupaba era el modo mejor, más conveniente y cómodo para él –es decir, el más justo– de librarse del fango con que ella lo contaminó en la caída, a fin de poder continuar su vida activa, honorable y útil.

«No puedo ser desgraciado por el hecho de que una mujer despreciable haya cometido un crimen. Únicamente debo buscar la mejor salida de la situación en que me ha colocado. Y la encontraré»,

Reflexionaba, arrugando cada vez más el entrecejo. «No soy el primero, ni el último… » Y aun prescindiendo de los ejemplos históricos, entre los cuales le venia primero a la memoria el de la bella Elena y Menelao, toda una larga teoría de infidelidades contemporáneas de mujeres de alta sociedad surgieron en la mente de Alexey Alejandrovich.

«Darialov, Poltavky, el príncipe Karibanob, el conde Paskudin, Dram… Sí, también Dram, un hombre tan honrado y laborioso… , Semenov, Chagin, Sigonin… –recordaba–. Cierto que el más necio ridículo cae sobre estos hombres, pero yo nunca he considerado eso más que como una desgracia y he tenido compasión de ellos», se decía Alexey Alejandrovich.


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